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Por Restituto Barriuso Lara. Cura Párroco. (
parcer@teleline.es ) RUTA
S. VITORES – ZAZUAR – BOCEGUILLAS Y LA GRAJERA
Dejamos,
Burgos capital, cruzamos Lerma, la dama bella revestida de tocado de fiesta, y
nos acercamos tímidamente a la ribera burgalesa. No
es hoy nuestro objetivo cantar las excelencias del vino de la Ribera del Duero.
Nos quedamos cerca por los Arauzos, por Peñaranda, por Clunia, Coruña del
Conde, Peñalba de Castro repasando una pagina de nuestra historia, del
nacimiento de Castilla, donde podemos admirar restos arqueológicos, castillos,
mosaicos, y arquitectura popular civil y religiosa, y como contraste paisajes
encantadores, pinares y aguas cristalinas que corren por sus ríos saltarines:
Arandilla, Dor, Aranzuela y Bañuelos admirando por uno y otro lado las
maravillas del Creador y la huella del hombre que intenta colaborar dándole
tintes y tonalidades variadas. Descansaremos
breves momentos en oración contemplativa junto a la imagen bella de San Vitores
que los de Zazuar guardan celosos en su ermita. En
esta primera parte encontramos abundantes huellas de Roma. Peñalba de Castro, o
Clunia Sulspicia es el primer ejemplo. Atrás se quedan los arévacos que según
la historia fueron los aborígenes que la poblaron. Tiberio, Galba o Adriano la
convirtieron en uno de los Conventos Jurídicos cuyo hecho habla por sí solo de
la importancia de este lugar. Sembrada de Calzadas desde allí conducían a los
lugares más importantes de la Hispania Citerior. Son muchos los secretos que
guardan aún sus entrañas de aquella enigmática época. El
teatro excavado sobre la roca viva con magnífica condición acústica nos habla
de su grandeza y de la ciencia y tecnología que poseían los romanos a la hora
de situar y escoger sus monumentos según el fin para que los destinaran. Coruña
del Conde recogió el testigo en la Alta Edad Media convirtiéndose en Capital
del Alfóz
de Clunia. Un paseo por sus
excavaciones nos hará recordar y ver en vivo muchas de las ideas que se
grabaron en nuestra mente cuando estudiábamos las primeras lecciones de
historia y que hablaban de las invasiones de los romanos en España y que
durante cinco siglos sometieron a Roma nuestra Península. No
podemos por menos de visitar Peñaranda estando en estas latitudes; son muchos y cada uno con su sabor particular
los pueblos que nos esperan y que se sentirán orgullosos de nuestra estancia.
Por eso no guardamos un orden riguroso del camino para respetar las opciones y
gustos personales. Cada uno puede optar
por seguir el camino que le plazca ya que las buenas comunicaciones de la ribera
le acercaran al lugar de destino. Peñaranda
de Duero, con su rollo gótico, con su castillo que la da un titulo de Ciudad señorial,
su gran Plaza y el Palacio de los Zúñigas del S. XVI. son hitos suficientes
que marca nuestro buen gusto por habernos acercado por enésima vez a estos
entornos ribereños. Aunque
la botica de Ximeno, sea más humilde que la botíca o rebotíca de Santo
Domingo de Silos, no por eso deja de ser interesante y sin duda admiraremos sus
“frascos”, tarros, así como la curiosa y culta explicación con relación a
la misma y de sus orígenes familiares. Como
en Santo Domingo de Silos, Covarrubias y Frías también en Peñaranda
encontramos calles angostas, entramados en madera y variados detalles que hacen
que guardemos en nuestra retina una imagen de Peñaranda difícil de olvidar. Para
que haya variedad recordaremos el “Mosaico de Baños de Valdearados cuya
visita es obligada. Sasamón en Burgos y la Olmeda en Palencia cuentan con
bellos ejemplares pero éste no le va a la zaga y nos brinda la ocasión de
conocerlo si aún no lo conocemos y de comentarle y compararle con otros muy
conocidos y nos da pie para fijarnos en el colorido y en los dibujos.. Los
tres Arauzos, Arauzo de Torre, Arauzo de Salce, y Arauzo de Miel nos recibirán
con agrado y las puertas de sus iglesias nos deleitaran con su arte. Como
se aprecia fácilmente nos encontramos por la raíz “ara” con un nombre de
origen vasco. El topónimo “ Arauzo”,según el estudio de algunos filólogos
es un compuesto de la raiz “ara “ y del sufijo “uzo” significando el
primero “valle” y el sufijo con un valor “de “abundancia”; esta es la
opinión más generalizada, aunque en este como en otros temas, son variables
las opiniones, pues hay gusto para todos y las razones que apoyan sus tesis, son
muchas y todas ellas con fundamentos filológicos. En
tiempos de la repoblación fueron cantidad de pueblos “tomados por gente
venida del norte”, y están poblados de palabras vascas tanto el mismo nombre
del pueblo como los términos municipales. Vecinos nuestros son los pueblos de
Herramélluri, Hollauri, Ochanduri, junto a Cerezo, y no hay más que recorrer
lo que se dice en la ruta de Ezcaray, Zarroquin, etc para confirmarlo. Como
fin de viaje un merecido descanso; un tranquilo pensamiento espiritual en la
ermita de San Vitores de Zazuar. Un
explicación sencilla de su vida, de los Estatutos de la Cofradía de San
Vitores que datan del S. XVII, de la fiesta del Santo y de sus Cofrades, de la
recuperación de la misma y de su romería ponen fin a esta parte de la etapa.
Una vez más concluimos: “misión cumplida”. Un
paseo tranquilo por el pueblo ya que la ermita está en un extremo, nos será
tranquilizante. Bonito pueblo de arquitectura castellana como la mayoría de
esta zona con casas de adobe, cruzados por eternos machones de madera. Aún
se conservan restos de la antigua alcoholera, pues en otros tiempos tuvo
importancia esta industria. La antigua tejera, y la resinera son ya un simple
recuerdo y un aldabón más que se guardan en la historia de Zazuar. Un
pueblo unido y colaborador; nos lo dicen las obras ejecutadas en el casco urbano
que añade una nota positiva al conjunto ribeteado de pinos, de chopos y de
praderas. En
la plaza podemos admirar su bonito conjunto y en la iglesia muy cuidada y
restaurada podremos confirmar de lo que es capaz un pueblo cuando sus fuerzas se
dirigen al bien común. Las
fuentes de ingresos en la actualidad se reducen a la agricultura, la madera
procedente de los pinares y una parte importante también el viñedo. Desde
donde te encuentres, según la opción y dirección tomada para visitar el
entorno de estos pueblos mencionados para continuar la ruta o la jornada salimos
a la carretera general N-I, y seguimos en esa dirección hacia Boceguillas.
Sin
duda el nombre te resulta familiar de la cantidad de veces que al ir o al venir
a Madrid has tenido que cruzarle. Hoy hacemos parada y fonda al igual que en
tiempos remotos lo hacían aquellos carreteros que aquí encontraban un lugar
acogedor para ellos, atención para sus yuntas y para las reatas y diligencias
seguridad. Predominan
onduladas llanuras con sus tonalidades ocres cerealistas que movidas por el
“cierzo” semejan una amplísima alfombra con ribetes blancos con un fondo de
azul intenso limpio de nubes y surcado de vez en cuando por algún cardo
rastrojero que cruza deprisa con alas prestadas por el viento. Desde
antiguo ese trasiego de gente que va y viene a la capital del reino, que
necesita de hospitalidad y de servicios ha hecho nacer en sus gentes un trato
amable, una atención al forastero y una cuidada gastronomía que satisface al más
exigente. Las
primeras reseñas en las que aparece Boceguillas son el texto foral de Alfonso
VI (1076) y las descripciones del Obispado de Burgos del 3 de noviembre de 1109.
Boceguillas se incorpora muy pronto al obispado de Segovia junto a Sepúlveda
allá por el 1120. Por
sus calles pasaba el Camino Real de Bayona por lo que desde siempre han abundado
mesones, posadas y fondas. En
el S. XVI en el Repertorio de Caminos de Alonso de Meneses se le da un lugar
preeminente como lugar de parada y fonda y también desde el S. XVI disfruta del
bien merecido titulo de “Villa” concedido por el Rey Felipe II. Entre los muchísimos
personajes que la Villa tuvo el honor de “hospedar en sus tiendas” se
cuentan El Cardenal Cisneros 1507- y Napoleón Bonaparte 1808. Cuenta
con una Plaza Mayor y con la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario
del S. XVIII, de una sola nave, espadaña, dos sacristías todo ello construido
de mampostería de piedra caliza y algunos restos de los antiguos paradores. Casi
se domina “La Picota” de un pueblo próximo y objeto de nuestra ruta “La Grajera”. Cerca
de la N-I entre Boceguillas y Fresno de la Fuente se sitúa esa localidad que ya
desde el 1204 se cita como Graiera y en 1247 se menciona como Grajera indicando
que se trata de un lugar donde abundan los piedras lugar idóneo para la
nidificación de córvidos: grajos, cuervos, chovas y piquirrojas. En
forma de obelisco de piedra caliza donde se celebraban los juicios de la
Inquisición se levanta “ La Picota”. En
toda la zona se observan abundantes casas y casonas de adobe que resaltan con
las nuevas edificaciones modernas. En
la Iglesia de San Vitores – declarado Monumento Nacional – se conserva una
magnífica cruz de las llamadas de sol, de plata sobredorada realizada en el año
1786 por el platero segoviano Ignacio Álvarez Arintero.
Sus
Fiestas principales el día 25, 26 y 27 de agosto de cada año SAN VITORES. A
las afueras del pueblo un magnífico y fiel can que junto a su amo santo a la
vez descansan en su venerada ermita, es San Roque cuya fiesta se celebra por
todo lo alto el día 16 de agosto. Descubrir
la naturaleza desde la Grajera es fácil porque te facilitan los medios que
necesitas para ello. Actividades
ecuestres, clases de equitación, turismo ecuestre, alquiler de caballos,
pupilaje y doma de caballos. Paseos en carruajes y exhibiciones hípicas. Puede
también ejercitarte unas horas en el dominio del arco, practicar el Golf y
hasta darte un paseo y contemplar desde el globo aerostático la inmensa llanura
de los campos castellanos y respirar el aire limpio de gases y de toxinas. Para
ti o para los tuyos nuevas emociones: rutas en “Quads” en plena naturaleza y
con guías especializados. Te dejo al final de la ruta para que alargues la estancia a tu capricho mientras charlo un rato con Cesar y familia degustando la buena mesa castellana frente al parque infantil en el Restaurante y recordando su grata visita a Cerezo de Río Tirón.
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