Oña



Oña Belorado-Villafranca Campoo Zazuar-Grajera Burgos-Lerma-Villoviado

Por Restituto Barriuso Lara. Cura Párroco. ( parcer@teleline.es )

Saliendo de Cerezo de Río Tirón hacia Briviesca, siguiendo aguas arriba el curso del Rio Bañuelos o Pecesorios, que zigzagueando sale a nuestro encuentro y juega al escondite con nosotros escondiéndose y dejándose ver juguetón y temeroso entre matorros y arbustos nos encontramos al pié de la carretera el pueblo de Quintanilla San García

Su nombre por pura casualidad o por coincidencia caprichosa, no se debe al Santo de su nombre, San García, Abad que fue del Monasterio de Arlanza, hijo nativo y preclaro de este lugar, como alguno equivocadamente podría pensar, sino que el nombre “San García – Quintanilla San García más tarde - se le debe a Sancho García (995-1017) el de los Buenos Fueros, quien levantó el Monasterio de Oña e intentó llevar la frontera castellana hasta el Monasterio de San Millán de la Cogolla y puso mucho empeño en fortificar, poblar y defender estas tierras castellanas ante el acoso continuo de los reyes de Navarra

No negamos, nos dice D. Demetrio Mansilla, gran investigador e historiador, que más tarde pudiera influir la prestigiosa figura del Abad de Arlanza San García, oriundo de Quintanilla, que regentó el cenobio castellano entre los años 1047-1073 y que gozó de categoría de Santo; pero el culto tributado al Abad de San Pedro de Arlanza es muy tardío y no se remonta más allá del año 1620 en el que el Papa Claudio V y a petición del rey Felipe III permitió el traslado de sus reliquias a la Capilla de los Mártires siendo Abad del monasterio de San Pelayo de San Benito.

A partir de esta fecha es cuando se despierta y crece la devoción a San García y particularmente entre los vecinos de su patria chica que mostraron tener verdaderos deseos de tener alguna reliquia del Santo.

Lo solicitaron del Abad de Arlanza y obtenida la debida autorización del Nuncio de España monseñor Alejandro Aldobrandini 1724 y del general de la Orden benedictina fray Antonio Sarmiento el 13 de mayo del mismo año, se desplazó una nutrida comisión de la Villa de Quintanilla San García al Monasterio de Arlanza y en presencia de la Comunidad y numerosa concurrencia de los pueblos vecinos el Abad fray Diego Martínez revestido de pontifical abrió la urna del Santo de la que sacó un hueso grande de la cadera derecha; le colocó en una arqueta que traían los comisionados de Quitanilla y cerrándola con dos llaves entregó llaves y arqueta a D. Pedro de Vesga, párroco de Quintanilla San García quien con los demás apoderados de la villa emprendió viaje de regreso hacia el pueblo natal del antiguo Abad de Arlanza.

A partir de esta fecha El Santo Abad y el pueblo de Quintanilla de San García quedaron totalmente vinculados, fusionados en el amor y en el cariño, en la devoción y virtud, en el patronazgo y sumisión.

Una magnífica iglesia parroquial desde un pequeño altozano mirando al río Pecezorios, preside como en una hornacina el pueblo de Quintanilla San García.

Si es grande la obra de fábrica  más esbelta, más rica y elegante es su interior.

Llaman la atención el altar mayor dedicado a la Virgen en el que se puede ver las escenas más entrañables, todas ellas altorrelieves y tallas de primerísima calidad;  varios altares laterales valiosos artísticamente hablando todos ellos del S XVII;. en uno de ellos encontramos a nuestro insigne mártir  ilustre santo San Vitores.


Vista de la plaza e iglesia parroquial al fondo. 2004.

Al entrar a la iglesia en el paño izquierdo sobre la pared, llaman la atención una serie de azulejos con grafía azul.

Nos narra la victoria y el triunfo que el Pueblo de San García obtuvo luchando contra el rey navarro el día 26 de agosto de 1444 y que por curiosidad histórica y respeto transcribo:

“Victoria de Quinanilla de San García contra el Rey D. Juan de Navarra habida año de mil cuatrocientos y cuarenta y cuatro años (1.444 ).

Sic:”miercoles veinte e seis dias andados del mes de agosto anno a Nativitate Domini MCCCCXLIIII este día de vistoris et corone seyendo discordia en el regno de Castilla e plegonada guerra contra el rey don juan de Nabarra(sic) e contra su regno e todos sus adherentes; regnante en Castilla el Señor noble rey D. Juan fijo del Rey Don Enrique este dicho día vino el dicho rey D. juan de Nabarra a Quintanilla de Sant García e demando al Consejo que le diese el lugar con su fortalesca; e los buenos omnes le dieron por respuesta que no lo farian, ca serian traydores al dicho Señor, rey de Castilla, si tal cosa ficiesen, e el dicho rey D. Juan de nabarra dixo que juraba a Dios e a los huessos de s u padre de los poner a espada e fuego e los buenos omnes le diexieron que obiese piedat dellos, que no tenían señor que los pudiese defender de su parte, sino fusse el Señor Dios pero que antes morian todos,e serían quemados que no ser trydores del Rey de Castilla, e cercolos con mil omnes de armas e con dos mil peones e conbatieron el cortijo muy fuertemente fasta llegar llegar a las puertas del cortijo despues de tomado el pueblo pero plogo a Dios de dar la victoria a los de Quintanilla e non se entro en cortijo e murieron muchos omnes de los de fuera en especial murio un caballero de espuelas doradas a la puerta del cortijo,el cual se avia alevado al dicho rey de nabarra de tomar el cortijo e el rey le daba trescientos mil maravedises, si entrase el cortijo e desque non se pudo entrar el cortijo mando el rey quemar el pueblo, e se quemaron setenta e tres suelos de casas en tal manera que quedo muy dissipado el pueblo, e los buenos omnes de Quintanilla eran fasta setenta omnes que pudiesen tomar armas, e por ser vencedores de tantos enemigos entendieron que non pudiera ser a menos de subsidio divinal e creyeron verdaderamente que fueron socorridos por ruego del bienaventurado apostol Sant Andres, cuya casa defendían e del Señor Sant Vitores, cuya fiesta celebraban aquel día; por ende rrendieron muchas gracias al Señor Dios cuius es honor et gloria en saecula seculorum. Amen”

NOTA:

“El escrito, nos dice D. Demetrio Mansilla cuando comenta el archivo de San García, está hecho sobre la hoja de un pergamino, procedente de un libro litúrgico, por eso nos inclinamos creer fuera un clérigo el redactor y desde luego contemporáneo al hecho”

Después de esta visita enriquecedora  retomamos el camino emprendido y por la misma carretera nos dirigimos a Briviesca para desde ella encaminarnos a Frías.  


Vista panorámica de Quintanilla de San García. 2004.

Una vez en Briviesca, tomamos la N-I con dirección a Irún. A los pocos kilómetros topamos con Calzada de Bureba, desde allí nos dirigimos hacia Busto de Bureba, cruzados los Montes Obarenes por el Portillo de Busto nos encontramos con Frías.

Su entrada nos fascina y parece encontrarnos en un pueblo del medioevo.

No nos equivocamos al pensarlo, pues por todos los poros del pueblo se respira medievalismo.

El Castillo elevado en la picota, sus calles estrechas y empedradas, las huellas de su aljama, antigua judería, el sabor rancio de sus piedras y de sus maderas incrustadas en fachadas y la elevada pendiente hasta subir al castillo encandilan a cualquier visitante.

Sus orígenes se remontan a los tiempos de la fundación de Castilla; y el Duque de Frias nos recuerda  la nobleza de la familia de los Velascos.

No es corriente contemplar un puente medieval con torre central, portazgo  y para que no faltara este detalle lo encontramos para nuestro deleite también en Frías.

En su iglesia parroquial un retablo con tablas pintadas posiblemente del S XVI. No podemos salir de Frías sin saludar a nuestro querido San Vitores donde en su ermita se le rinde solemne culto y se le tiene una gran devoción.

A Frías hay que volver, hay que degustar su sabor medieval, patear su estrechas y empinadas calles, subir y bajar para sacarle gusto y desde la explanada del castillo contemplar el panorama, montes, montículos pétreos, llanura revestida de plástico de colores y en su interior una fuente de riqueza hortícola que hace más llevadera la vida a sus habitantes que por presumir, presumen de todo porque no les falta de nada.

Y encariñados con Frías y muy a pesar nuestro nos dirigimos hacia Oña porque tenemos que seguir camino; otro encanto singular para todos los sentidos y para elevar el espíritu hasta las alturas de sus elevados montes; contemplamos su pintoresca sierra, nos pinamos( como dicen por allí)  para crecer junto a sus esbeltos pinos y hasta desafiar las plúmbeas nubes en esas tardes veraniegas preñadas de lluvia.

OÑA.

Oña como lo demuestra su castillo celtibérico primero y romanizado más tarde sin duda alguna sintió las pisadas firmes de las legiones romanas; y anteriormente los autrigones, tribu celtibérica tuvieron su estancia y acogida hasta buscar el Cantábrico al Norte o hacer llegar sus ganados más al Sur hasta las fértiles llanuras burebanas o las frescas orillas del Oca y del Tirón y encontrar un clima en invierno más fácil para su hábitat y modo de subsistir.

Pero según los historiadores pasada esta página común, que coincide con tantos pueblos de nuestra tierra de Castilla, Oña toma su importancia sobre todo con el Conde Fernán González quien le concede sus primeros privilegios.

Su nieto el Conde Sancho García el de los Buenos Fueros eleva el lugar al rango condal y funda el Monasterio de San Salvador que pone en manos de su hija, la infanta Trígida.

Tal importancia tuvo este monasterio de San Salvador, que sus abades ostentaban el título de señores de Oña y con el tiempo llegó a convertirse en una de las instituciones más influyentes de todo el reino de Castilla.

La iglesia parroquial, con portada gótica y torre románica, las casas blasonadas, la calle de Barrius donde estuvo asentada la aljama judía, el Palacio del obispo González Manso y otros muchos rincones extendidos por su casco urbano, hace que Oña sea un pueblo encantador.

A todos nos viene a la memoria el mes de agosto y la representación teatral “El Cronicón de Oña”que cada año y con participación prácticamente de todo el pueblo representa la Historia del pueblo condal dando vida a aquellos personajes y a aquellos tiempos.

Pero a pesar de sus encantos, no son estos nuestros motivos. Nos ha traido hasta Oña, nuestro insigne San Vitores porque Oña, está tan relacionado con él, que hasta algunos le quieren hacer paisano suyo.

San Vitores nació en Cerezo de Río Tirón, fue su párroco en Santa Maria de Villalba y libró a Cerezo del asedio de los moros

Sus reliquias descansan en una urna, donada por uno de los Condestables de Castilla, en el actual exconvento de San Vitores donde cada año se reúnen todos los pueblos de la Comarca del Tirón y de la Riojilla burgalesa para rendirle pleitesía y pedirle protección.

De Oña salió San Vitores después de siete años de vida eremita y penitente, para su querido Cerezo y librarle del brutal asedio que sufría.

Aquí a los montes de Oña se retiró en busca de perfección más alta. Su vida penitencial y austera, su gran amor a Dios y a los hombres le condujo hasta el martirio para recibir del mismo Dios el premio a su fidelidad y constancia.

Siete años, son muchos años y los de Oña por eso le consideran y con razón algo suyo, algo que en parte les pertenece y le honran como los de Cerezo como hijo predilecto, como paisano pues no en vano paso por sus lares, por sus tierras, por sus montes, por sus sierras, por sus rocas llenándolas de bendiciones.

Podemos después de haber disfrutado de lo lindo con los paisajes de Oña, con sus extraordinarias riquezas arquitectónicas y con su siempre buena acogida al visitante alargar nuestra ruta o sencillamente volvernos de nuevo a casita a descansar y a recordar este maravilloso día. Pero hay que recordar que Oña tiene una ermita dedicada a San Vitores. En pleno pinar, entre las rocas, en los montes donde como hemos dicho pasó nada menos que siete años, según la tradición en actitud penitente. Una visita a la ermita creo es de obligado cumplimiento.

Por si te sientes con fuerzas y ánimo y sino para mejor ocasión, te invito a otro punto, quizá más desconocido pero históricamente interesante.

Camino de Villarcayo hacia Bárcena de Pienza. Por Salinas de Rosio – Torme se llega a Bárcena de Pienza. Al norte de la carretera aparecen los restos de la que debió ser una imponente ermita románica.En la actualidad sólo quedan restos del ábside del que son muy destacados algunos capiteles del arco que separa el tramo recto del propio altar. También son destacables algunos canecillos del exterior por su espléndida calidad.

Esta ermita estaba dedicada a San Vitores y es también San Vitores titular de la actual parroquia de Bárcena de Pienza cuya fiesta celebran el veintiséis de agosto y preside la imagen procesional.

Por las trazas se trata de una ermita del S XII – y como todas de su estilo contaba con ventanales, canecillos, y aspilleras.

El hecho de conservar aún hoy algún testigo de tal ermita y dedicada al Santo bien merece la pena el visitarla aunque no sea ya más que un vago recuerdo.

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