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| Fuente: "Rincones singulares de Burgos - Volumen V: El
norte de la Sierra de la Demanda". Colección "Temas
Burgaleses". 2001. Autor: Enrique de Rivero. Edita: Obra Social Caja de Burgos Cerezo de Río Tirón
La alargada silueta de la villa de
Cerezo de Río Tirón ocupa la ladera de un elevado cerro que se alza desde la
misma orilla del río Tirón. Esta milenaria localidad posee un denso pasado que
se inicia en los tiempos prehistóricos, cuando se convirtió en la importante
ciudad autrigona de Segisamunculum. También fue un hito fundamental en las
comunicaciones romanas y durante la Alta Edad Media estuvo entre las plazas más
disputadas por cristianos y agarenos. En su camino hacia el Ebro, el río Tirón, que es el principal curso de agua que nace en la vertiente septentrional de la Sierra de la Demanda burgalesa, alcanza la ladera del cerro sobre el que se asienta la población de Cerezo de Río Tirón. Este río ha excavado, en su curso medio y en los blandos materiales del Terciario, un valle perfilado por una serie de elevados cerros testigos. El valle del Tirón ha sido desde siempre una privilegiada vía natural de comunicación entre la depresión del Ebro y La Bureba. Esta estratégica situación favoreció que desde los tiempos más remotos se intentase controlar todas sus alturas y pasos. El caso de Cerezo de Río Tirón es el más paradigmático, ya que hace unos 2.500 años la atalaya bajo la que se asienta la actual población fue ocupada por un extenso castro de la Primera Edad de Hierro. Doscientos años después se instalaron en el lugar los autrigones, pueblo celtibérico que fundó la ciudad de Segisamunculum. Su importancia fue tan grande que incluso llegó a contar con una ceca propia que acuñaba monedas de bronce en las que destacaba la figura de un guerrero a caballo. Los romanos hicieron pasar por las
inmediaciones de Cerezo de Río Tirón varias de sus calzadas, entre ellas la vía
“De Italia in Hispanias”, que unía las actuales ciudades de Astorga y
Tarragona. También contaron con importantes asentamientos en los términos de
Valdemoros y Los Palacios. En la localidad se conserva el puente de San Ciprián,
una de las pocas construcciones que se pueden considerar plenamente romanas en
toda la provincia de Burgos. La misma y estratégica ubicación hizo de
Cerezo un disputado bastión fronterizo, que primero estuvo en manos musulmanas,
para pasar definitivamente a formar parte de la frontera cristiana –que
controlaba a los agarenos de La Rioja- a partir del año 891. El conde Gonzalo Téllez
fue uno de sus principales defensores en ese período tan conflictivo. La localidad alcanzó un gran desarrollo económico y social bajo el fuero otorgado en 1151 por el rey Alfonso VII y se convirtió en una de las villas más prósperas de Castilla. De Cerezo es natural Andrés Gutiérrez, notable escritor y humanista que nación en 1459, llegó a ser abad de Oña y fue autor del “Arte de Gramática”, primer libro que se imprimió en Burgos, en el año 1485.
La Riojilla
Burgalesa
Bajo esta peculiar denominación se
conoce la comarca situada en el sector centro-oriental de Burgos, justo en el límite
con la comunicad autónoma de La Rioja. Desde el momento en que se empezó a
hablar de una provincia de Burgos, a principios del siglo XVI, estas tierras y
prácticamente toda La Rioja formaron parte de la misma. La división de 1833
segregó a la provincia de Logroño y dejó bajo administración burgalesa las
tierras de la Riojilla. La primera demarcación territorial conocida como provincia de Burgos data de comienzos del siglo XVI y es heredera directa de la antigua Merindad Mayor de Castilla. Tenía una función esencialmente fiscal y en su extenso territorio abarcaba también amplias zonas de Palencia. Zamora, Cantabria y La Rioja. Con posterioridad, en 1718, se creaba la intendencia de Burgos, que ya contaba con competencias administrativas, políticas y judiciales y que aumentaba su territorio con la incorporación de Álava y Vizcaya. Esta nueva configuración tuvo muy corta vigencia y en 1785 fue sustituida por la elaborada por el conde de Floridablanca, ministro de Carlos III. El territorio burgalés gozó de un ligero incremento a costa de algunos territorios de las vecinas provincias de Toro, Soria y Segovia. Esta última división territorial de España estuvo vigente, salvo los breves paréntesis de la prefectura napoleónica y de los intentos de las cortes de Cádiz, hasta la definitiva configuración provincial de 1833. Ese año, Javier de Burgos remodeló la complicada articulación espacial del antiguo mapa dieciochesco, con el diseño de una división más simple, clara y racional. La provincia de Burgos experimentó modificaciones importantes en cuanto a la superficie y los límites. Los cambios más importantes consistieron en la segregación de los territorios de Santander y Logroño. En esta última división se encuentra la explicación de la existencia de una comarca como la Riojilla burgalesa. Un singular territorio que siempre fue zona de transición y en el que se solapan las influencias burgalesas y riojanas. Desde el punto de vista geomorfológico la comarca pertenece al ámbito natural de La Rioja y aparece configurada sobre la base geográfica de la cuenca del rió Tirón. Sus límites son algo imprecisos y si se quiere pueden abarcar todos los pueblos por los que pasa este río y sus principales afluentes. El mapa adjunto se ha ceñido al núcleo central de su territorio, reseñándose sus principales poblaciones: Cerezo de Río Tirón, Redecilla del Campo, Sotillo de la Rioja, Ibrillos, Castidelgado, Viloria de Rioja, Bascuñana, Quintanilla del Monte en Rioja, San Cristóbal del Monte, Villamayor del Río, San Pedro del Monte y Avellanosa de Rioja.
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